Imagen tomada de la edición electrónica del Diario LA NACIÓN
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El Argentina Open que se cerró ayer en el Buenos Aires estrenó nuevos dueños en 2018; el belga y el uruguayo dicen estar impresionados con la pasión que hay en el tenis local
Sebastián Fest Diario LA NACIÓN 19 de febrero 2018
El torneo es muy bueno, pero al tenis argentino no le alcanza, necesita más. La frase nunca salió con esa literalidad de los labios de Kristoff Puelinckx y Martín Hughes, los nuevos dueños del Argentina Open, pero tampoco hace falta, porque es el perfecto resumen de lo que sienten los dos inversores. Tras 18 años en los que el puertorriqueño Miguel Nido manejó la mayor vidriera del tenis local, llega el turno de un belga (Puelinkcx) y un uruguayo (Hughes), notablemente impactados por el nivel de pasión por el tenis y conocimiento del juego que tienen los argentinos.
«El ambiente que se vive en los alrededores del Buenos Aires Lawn Tennis me hace acordar al del fútbol», señala Hughes, que tras conocer el certamen en 2016 convenció a Puelinckx de darse una vuelta por la Argentina. Su amigo y socio belga le hizo caso, y ya en el primer día en Buenos Aires se dio cuenta de que Hughes no exageraba: los argentinos viven el tenis de una manera que es impensable en Europa. Lo saben bien Puelinckx y Hughes, dueños de Tennium, la empresa que en su momento compró el torneo de Valencia para llevárselo enseguida a Amberes.
¿Corre el de Buenos Aires el mismo peligro? «En absoluto», responden al unísono ambos socios durante una entrevista que se emitirá hoy a las 14:00 hs (con repetición a la medianoche) en el ciclo Conversaciones de LN+. Puelinkcx y Hughes están tan convencidos de su proyecto, y su relación es tan simbiótica, que se alternan con naturalidad para contestar. No importa quién lo haga, la voz es una sola.
-¿En serio no van a repetir la experiencia de Valencia? ¿Compraron Buenos Aires para que el torneo se quede en Buenos Aires?
-Esperemos que sí.
-¿Esperemos?
-La situación es muy distinta, yo creo que el torneo de Valencia era un torneo con problemas que había que moverlo. Aquí entramos en una historia de éxito, yo creo que es importante decir que Miguel (Nido) y Martín Jaite han construido un torneo fantástico aquí. Para nosotros, los países donde se vive el tenis son muy importantes. Obviamente hemos invertido con Miguel aquí para quedarnos.
-Comentaban antes de iniciar la entrevista que el nivel de pasión y conocimiento que hay por el tenis en la Argentina no es habitual en el resto del mundo. ¿Es así?
-Sí, la verdad es que España o Francia son países con mucho tenis, pero en la Argentina se lo vive de una manera muy especial. Lo ves en la gente cuando vas caminando. Llegando al estadio ya empiezan los pasitos más rápidos, con ansiedad. O cuando entra un jugador argentino a la cancha, cómo vibra, cómo le cantan… Sí, se vive una pasión distinta. Acá se sabe apreciar un buen partido.Es distinto a otros sitios donde quizá se busca un poco más el espectáculo o ver al jugador más conocido. Acá la gente solo va a ver tenis.
-El torneo de Nueva York, nuevo en el calendario, se jugó la semana pasada con canchas de color negro, como la Laver Cup. ¿En qué innovaciones están pensando para Buenos Aires?
-Una cosa es que puedan cambiar a color negro o cosas de estas, pero nosotros no podemos decidir cambiar de repente, eso está todo muy regulado.
-No lo pueden decidir ustedes sin consenso con la ATP, pero ustedes saben lo que quieren. ¿Prefieren seguir en polvo o prefieren seguir en cemento?
-No tenemos una opinión fuerte por una superficie u otra, esa es una discusión que en la ATP se tiene que poner más en contexto del tour en general. Al final hay que ver toda la temporada: cómo se ven los jugadores, qué tiene sentido, en qué parte de la temporada.
-¿Les gusta la fecha de febrero?
-Sí. Se juega con un clima agradable y la gente está de vacaciones. Hemos visto otros torneos en los que por una cuestión de clima o de momento del año, pese a que ponés un buen espectáculo, la gente no puede ir. Y este año tuvimos el agregado de que fue Carnaval y se disfruta mucho, así que la época del año mejor no puede ser.
-¿Qué es más difícil para el torneo? ¿Traer a Federer o convencer a Del Potro de que lo juegue?
-Ambas son difíciles… Me gustaría que lo jueguen los dos.
-Por el court central del Buenos Aires Lawn Tennis Club pasaron muchos número uno, pero no lo han hecho ni Federer ni Djokovic.
¿Tienen la ambición de traerlos?
-Sí, la ambición es siempre traer buenos jugadores, pero en unos años diremos «a ver si viene el número uno como vino Thiem, que es hoy el número uno». La verdad es que estamos muy contentos con este cuadro.
-¿Ya se han sentado a charlar con Del Potro para entender por qué no juega el torneo más importante de su país?
-Bueno, más que entender, Juan Martín tiene que elegir qué torneos juega. Nos encantaría que juegue y estoy seguro de que en un futuro hablaremos con ellos, pero tampoco es tan fácil. Pero aquí la ambición es que vengan los mejores y me encanta Juan Martín. Me gustaría que juegue un día, pero paso a paso, acabamos de llegar.
-Seguramente ya tienen ideas claras para 2019. ¿A qué jugador apuestan?
-Trabajaremos dos o tres líneas, una será traer al top del tenis de Argentina, ojalá Del Potro pueda jugar un año, pero no sé si eso será posible. Segundo, seguiremos invirtiendo en infraestructuras para que el fan o el consumidor pueda disfrutar del torneo. Martín tiene muchas ideas, por eso el está aquí para, junto a Martín Jaite, Miguel y otra gente, aportar ideas de Europa.
-Hace muchos años, Butch Buchholz soñó un Masters 1000 en Nordelta. A medio plazo, ¿es viable esto con la situación política que vive el tenis mundial?
-El tour se va desarrollando, hay siempre muchas discusiones y las cosas cambian, pero no tan rápido. Estamos contentos de tener un 250, pero nunca se sabe. Quizá dentro de diez años el circuito sea muy diferente.
-¿Por cuánto tiempo va a seguir siendo Martín Jaite director del torneo?
-Ojalá por mucho tiempo. Parte de la razón por la que entramos aquí es por el equipo que hay. Y no sólo Martín, hay todo un equipo que funciona muy bien. Eso nos encantó.
Sebastián Torok Diario LA NACIÓN 18 de febrero de 2018
Veinticuatro de febrero de 2008. Mucho calor y tenis del bueno sobre el polvo de ladrillo de Palermo. David Nalbandian , un artista irreverente, superó con cierto sufrimiento a José Acasuso por 3-6, 7-6 (7-5) y 6-4 y se consagró en su primer certamen ATP de Buenos Aires , Copa Telmex en ese tiempo. El cordobés se sentía arropado por el combustible emocional del público.
«Estoy muy feliz por ganar en Buenos Aires, en casa, ante mi familia y mi público. Este título tiene un significado especial en mi carrera y no voy a olvidarlo. Fue clave el apoyo que me dio la gente. Tuve partidos muy adversos y el público me bancó, con sol, lluvia o lo que fuera… Sentí siempre que estaban ahí, esperando que ganara», contó. Jamás imaginó -menos hoy, lejos de los courts- que sería el último ganador argentino del torneo. Pasaron diez años, una década perdida. Los locales mascullan bronca ante la calidez y la expectativa de la gente.
Hay un océano de respuestas para entender qué pasa. Por qué los tenistas del país no logran conquistar el trofeo, que en los últimos años fue levantado por cinco españoles, incluido Rafael Nadal en 2015, cuando superó a Juan Mónaco en el choque decisivo. Pico, además, cayó en 2009 frente a Tommy Robredo, y Juan Ignacio Chela lo hizo en 2011, contra Nicolás Almagro. Al menos hubo tres finalistas argentinos.
No lo consiguió Federico Delbonis, que cayó frente al esloveno Aljaz Bedene por 6-4, 2-6 y 6-1 en la cancha central del Buenos Aires Lawn Tennis Club. Tuvo, eso sí, un destacado desempeño en el certamen, luego de meses de vaivenes emocionales y problemas de cadera -ya superados-. Fue uno de los cuatro argentinos en los cuartos de final, una cantidad que no se daba desde 2011.
El zurdo, que alcanzó por primera vez una semifinal del ATP de Buenos Aires, no le encuentra la vuelta. «No sé las razones de la falta de un campeón local. Cada fin de semana hay un solo ganador y no es fácil. En los últimos años los títulos de argentinos han sido relativamente pocos, así que tampoco es tan raro. Tienen que darse muchas cosas para ganar, depende de cuándo venís sintiéndote mejor con la pelota o con el torneo. Así y todo, acceder a una semifinal es muy bueno para mí, me da energía y confianza. Obviamente estoy un poco triste por la derrota, pero no deja de ser un buen torneo para mí», comenta.
El fin de los lauros, de algún modo, coincidió con las últimas vueltas de la Legión en el circuito. Juan Martín del Potro, ganador de 20 títulos, incluido el Abierto de Estados Unidos de 2009, jugó el Argentina Open solamente en 2006, cuando tenía 17 años, y cayó en la primera rueda (6-2, 4-6 y 6-4) ante un referente de las canchas lentas, Juan Carlos Ferrero, ex Nº 1 del mundo.
La fría relación de Del Potro con Martín Jaite, el director del torneo, y el gusto del tandilense por la superficie dura completan el casillero negativo. La presión por mostrar en casa las virtudes -a Diego Schwartzman, de vertiginosa evolución, tal vez le ocurrió algo de eso- acaba en un martirio. Leonardo Mayer, en la balanza del bien y del mal, elige el vaso medio lleno. «Hubo cuatro argentinos en cuartos de final y eso es impecable. Hay muchos argentinos todavía en el circuito. Cuando se critica, a veces se yerra mucho. Hay que darse cuenta de que es muy difícil jugar acá, de local», responde.
A veces, la reflexión de los antiguos baluartes ayuda a comprender esta realidad. Como la de Gastón Gaudio. «Lo que pasó fue extraordinario, no creo que se repita en la Argentina ni en ningún otro país. Teníamos cuatro tenistas en el top ten y siempre alguno llegaba a las finales o ganaba títulos. Creo que esa es la principal explicación de por qué no volvió a ganar nadie. No creo que vuelva a darse algo así», asegura.
«No es fácil ganar en Buenos Aires, y menos para un argentino que tiene que sobrellevar muchas presiones. En estos últimos años hubo cuadros durísimos: estuvo Nadal, ahora juega Thiem y hasta pasaron Wawrinka y Nishikori», cuenta Mariano Zabaleta a Télam.
Al Rey lo dejaron solo. Todavía lo está, diez años después…
Imagen de Sergio Llamera para el Diario LA NACIÓN
Olivia Díaz Ugalde Diario LA NACIÓN 17 de Febrero de 2018
Hay trabajos que se ven reflejados en el sueldo, otros en medallas, luces y aplausos. Pero también están las labores silenciosas, esos oficios destinados a quedar entre sombras, los que nadie ve pero que son indispensables. Esa profesión de hormiga, constante y perfecta, que completa la tarea e impulsa el rendimiento de otros.
El mundo de la ATP persigue la perfección, desde las vestimentas de los tenistas hasta los segundos de un sponsor en televisión y las medidas de la cancha. Este grupo de trabajadores destinado al anonimato acapara mucha de las responsabilidades para que el show del tenis pueda continuar.
El clan de los cancheros refleja puro amor al trabajo. Son largas jornadas al rayo del sol, con tareas metódicas y pocas horas de sueño. Rastrillar, emparejar, regar y aplanar, si las condiciones climáticas acompañan. De lo contrario, habrá que barrer y rellenar con polvo para nivelar el terreno.
«Durante la semana del ATP de Buenos Aires los diez empleados nos quedamos a dormir en unos dormis dentro del club, porque a las 6.30 arranca nuestra jornada, que finaliza después del último partido», cuenta Walter, canchero y empleado del Buenos Aires Lawn Tennis desde hace 10 años. «Somos diez los encargados de las canchas, los mismos que durante el año trabajamos para el club, pero en la semana del torneo no hay turnos y estamos todos todo el tiempo».
Ellos conocen el club de manera puntillosa y las canchas son su obsesión. Saben cómo regarlas, la intensidad de las aplanadoras y hasta los gustos de ciertos jugadores del circuito, como Andrés Molteni y Andrea Collarini, que también son socios del club. «A Molto le gusta que se la reguemos después de cada set de entrenamiento», describe.
Pero también saben moverse dentro del mundo de elite, ya que cada año tenistas de todo el mundo visitan sus canchas y ellos saben cómo prepararles una mejor estadía.
«Con los jugadores nos manejamos con señas. No sé inglés, pero con señas nos entendemos. Regá, más polvo, aplaná. En su mayoría son todos iguales y piden las mismas condiciones. Siempre hay alguno que les gusta que le rieguen la cancha constantemente durante el entrenamiento, entonces hay que hacerlo. Y hay otros que después de practicar saques piden un rastrillaje y aplanamiento. No hay muchas exigencias en general, pero están los que piden que salgamos de la cancha, otros que le saquemos las botellas de agua y no quede nada», resume.
«Una vez hace dos años, cuando Fabio Fognini concluyó el torneo nos mandó a todos los cancheros una remera. Es un grande, no te dejan por reglamento que les agarres la toalla cuando se entrenan. Pero cada vez que viene el italiano, cuando termina de entrenarse te la regala», rememora Walter, encargado durante esta realización del ATP porteño de las cuatro canchas de entrenamiento. «Molteni, como es del club, también siempre nos regala gorras o zapatillas; este año trajo 25 pares. Igual que Horacio Zeballos».
Para el renovado Argentina Open, el estadio Guillermo Vilas fue hecho a nuevo. Al igual que los desagües del estadio 2 y las canchas anexas, que tantos dolores de cabeza les dio en otras ediciones. Pero por suerte, el clima acompañó el desarrollo del torneo de este año y no hubo inconvenientes ni malabares que hacer con los otros courts. Igualmente, los drenajes ahora funcionan y las canchas no se inundan. Pero el agua desagota para la calle, en lugar de hacerlo hacia la cloaca, porque falta la instalación de la bomba correspondiente. El trabajo a contrarreloj fue uno de los motivos por los que no se llegó e hizo que los vecinos comenzaran a quejarse.
Las canchas lucen perfectas y los jugadores las halagan, pero internamente todavía queda trabajo por efectuar. De todos modos, una vez concluido el torneo el club cerrará y se acondicionará para recibir los Juegos Olímpicos de la Juventud.
El polvo de ladrillo se debe cambiar todos los días, de todas las canchas. Por eso tienen tres depósitos de polvo o ‘polveras’ como ellos las llaman. Uno al lado del court principal y los otros distribuidos por el club. Si el clima acompaña, se utiliza en una semana de torneo medio camión de ocho metros cúbicos ($ 12.000). Si es una semana de vientos o lluvias, el uso del polvo incrementa y se ha llegado a gastar el camión en su totalidad, o dos como ocurrió en el ATP de 2014.
Cuando hay partidos oficiales la cancha debe estar nueva. Polvo cambiado, rastrillado y aplanado. Además se debe pasar la lona y barrer los flejes en cada cambio de lado. Y cada vez que se termina de usar una de las canchas se debe repetir el procedimiento. Rastrillaje, pasar la lona, riego y aplanadora. Si hay tiempo, doble aplanado.
Los imprevistos suelen estar a la orden del día, por eso deben tener materiales de repuesto para todo -polvo, flejes, tornillos, redes y pinzas-. Una cancha utiliza diez kilos de tornillos que sujetan los flejes, que deben ser martillados al suelo y se tarda tres día en colocarlos. Pero frente a cualquier inconveniente o pedido del árbitro, si se debe cambiar se debe hacer al instante, o al día siguiente.
Vestidos todos uniformados, con sudor en su frente y cachetes colorados, el clan desenvaina su mejor sonrisa al momento de trabajar. Tratan de ignorar el calor y los intensos rayos de sol. En soledad, los encargados de las canchas con menor asistencia también disfrutan de su labor.
Empapados en sudor no tienen problema en revelar los secretos de su oficio a LA NACION y entre risas describen su experiencia. Es un año positivo, el clima acompaña, y eso no fue menor. Su trabajo fue halagado y celebrado por los protagonistas, que siempre agradecidos, disfrutaron de los courts en su plenitud. En la final del domingo quieren concretar su obra.
Diario LA NACIÓN 16 de Febrero de 2018
Peugeot Argentina, sponsor oficial del Argentina Open, organizó una conferencia de prensa en el hotel Four Seasons de Buenos Aires, donde reunió a los mejores tenistas del mundo, entre ellos Dominic Thiem, Gaël Monfils, Pablo Carreño Busta -actuales Top Ten- y Diego Schwartzman, embajador de la marca. El evento cerró con un cóctel en el bar Pony Line al que se sumaron varias celebrities.
Con un look muy casual -todos de jean y zapatillas- los astros del polvo de ladrillo llegaron arriba de los nuevos SUV Peugeot 3008 y Peugeot 5008. El primero fue Diego Schwartzman. Lo siguieron el austríaco Dominic Thiem (Top 4), el francés Gaël Monfils (Top 6) y el español Pablo Carreño Busta (Top 10).
Cuando el reloj marcó las 21 comenzó la conferencia de prensa. «Buenas noches a todos. Muchas gracias por venir. Muchas gracias Peugeot y American Express por patrocinar este encuentro con nosotros y los jugadores», arrancó Martín Jaite, ex tenista y director del Argentina Open, que se juega desde el 12 al 18 de febrero en el Buenos Aires Lawn Tenis.
Tras su cálida bienvenida, Mariano Zabaleta y Gastón Gaudio, quien además ofició de traductor, se hicieron cargo de la conducción. A su izquierda, sentados uno al lado del otro sobre el escenario, Schwartzman, Thiem, Carreño Busta y Monfils contestaron las preguntas de la prensa durante veinte minutos. Más tarde, se sumaron a un cóctel en el bar Pony Line del que también participaron figuras como Celeste Cid, Lucía Celasco, Belén Chavanne y Dante Spinetta. Hubo buena música, gastronomía y coctelería de lujo.
El hombre del momento
Su apellido en idish significa «hombre negro», aunque él es rubio y de ojos verdes. Es el tenista más bajo entre los Top 100 de la ATP y, sin embargo, alcanzó el puesto Nº 24 del ranking mundial. Como si fuera poco, este año se incorporó como embajador de Peugeot junto con Juan Martín del Potro y Leonardo Mayer.
Lejos de agrandarse, «el Peque» reflexiona acerca de su maravilloso presente. «Me encanta que Peugeot haya pensado en mí para representar los valores de la marca. En lo que hace a mi carrera, fui creciendo año tras año y trabajando mucho. De a poco empecé a estar más cerca de los mejores y, en un momento, logré ganarles. Hay que sostenerlo: no es fácil. Tengo que trabajar cada vez más duro y así lo haré: soy un jugador muy exigente conmigo y con mi equipo», afirma Diego.
-El otro día entrenaste con la cancha repleta de personas. Arrancó un fanatismo fuerte. ¿Cómo manejás la expectativa que el público deposita en vos?
-Me cuesta un poco, pero estoy contento. Es una linda presión que me pone la gente. Ojalá pueda jugar en mi mejor nivel para que ellos puedan disfrutar de mi juego también. Para mí sería un sueño ganar el Argentina Open.
-Gaël Monfils dijo: «Muchas veces creo que los rivales son mejores que yo». ¿Te pasa eso?
-Cuando me enfrento a un rival trato de no pensar tanto en quién es mejor, sino de entrar a la cancha convencido de que los dos tenemos las mismas chances de ganar. Después, trato de jugar en mi mejor nivel. Si logro hacerlo, sé que me vuelvo un jugador mucho más peligroso.
-Entre tantos torneos y viajes por el mundo, ¿cuál es tu cable a tierra?
-El mate. Cuando vuelvo a la habitación del hotel y me tomo mis mates, puedo charlar con mis amigos o ver una película, está muy bueno. Obviamente que el principal cable a tierra son la familia y los amigos, que te retan cuando no estás haciendo las cosas bien y se ponen muy contentos cuando te va bien. Son la gente que está hace mucho al lado mío y son a los que más tengo que escuchar porque son los que más me conocen.
El Peque en números
• Tiene 25 años, nació el 16 de agosto de 1992.
• Es el menor de cuatro hermanos.
• Actualmente, desde el 29 de enero de 2018, ascendió al puesto número 24 del ranking del ATP.
• Pesa 63 kilos y mide 1,70.
• En sus cuentas de Twitter e Instagram (@dieschwartzman) suma 193 mil seguidores.
Imagen del Twitter de Argentina Open
Sebastián Torok Diario LA NACIÓN 18 de Febrero de 2018
Esloveno de nacimiento, británico por adopción. Talentoso, pero inconsistente por sus lagunas y también por las lesiones en las muñecas que no lo dejaron competir con libertad. Diestro y de revés de dos manos. De 28 años y con un hermano gemelo, Andraz. De novio con la cantante de pop Kimalie, fanático de Real Madrid y admirador de Cristiano Ronaldo.
Aljaz Bedene , de él se trata, es, probablemente, una de los finalistas menos pensados del historial del torneo ATP de Buenos Aires . El jugador nacido en Liubliana y número 51 del ranking venció, durante la sofocante jornada del sábado, por 6-4, 2-6 y 6-1 al azuleño Federico Delbonis, en 1h 56m, y hoy, a partir de las 14, luchará por el título frente al explosivo austríaco Dominic Thiem , 6º del ranking y primer favorito, que derrotó al francés Gaël Monfils por un contundente 6-2 y 6-1.
El camino de Bedene (su mejor posición fue la 45º, en 2015) en el Argentina Open fue toda una sorpresa, porque luego de debutar ante el checo Jiri Vesely (60º), superó al español Albert Ramos Viñolas (20º del tour y tercer favorito) y a Diego Schwartzman (24º del mundo). «Nunca es fácil jugar en Argentina contra un local, porque el público es muy ruidoso, pero me gusta ese escenario, me siento cómodo jugando así, y por eso me gusta volver a Buenos Aires.
Pido disculpas a la gente, porque es medio incómodo eliminar a locales, pero son las reglas del juego», dice Bedene, que está compitiendo en el ATP porteño por tercera vez. En 2013 venció al marplatense Horacio Zeballos y perdió contra el alemán Julian Reister; una temporada más tarde se despidió en el estreno frente al español Marcel Granollers.
«Estoy feliz por haber llegado a la final. Me siento muy bien en Buenos Aires y sería genial romper la racha aquí. Elegí jugar sobre polvo de ladrillo porque había tenido problemas en una rodilla y es una superficie más benévola que la cancha dura», apunta el tenista que conquistó 14 títulos en el Challenger Tour.
Sin embargo, todavía no celebrar trofeos en el ATP Tour: en 2015 perdió la final de Chennai frente al suizo Stan Wawrinka (entonces 4º del ranking) y el año pasado cayó en la definición de Budapest contra el francés Lucas Pouille.
Con Thiem lo une una amistosa relación, pero deportivamente el tenista de poético revés de una mano siempre lo amargó: lo derrotó en Roland Garros 2015 y este año en Doha.
Bedene tiene una admiración especial por David Nalbandian, que visitó el Argentina Open el viernes por la noche. «Pude saludarlo en la sala de jugadores. Normalmente no me gusta ver partidos de tenis por televisión, pero veía los de David. Tuve la oportunidad de jugar un par de veces contra él, lamentablemente ya en el final de su carrera; él ya tenía algunos problemas de lesiones. Pero fui un fanático de David, sigo siéndolo. Yo no suelo pedir autógrafos, nunca lo hago, me da vergüenza, pero uno de los pocos que conservo es de Nalbandian. Se lo pedí luego de la primera vez que nos enfrentamos», revela Bedene. Se midieron en Belgrado 2012 -ganó el cordobés- y en Acapulco 2013 -se impuso el europeo-.
Bedene ocupó las noticias por una suerte de conflicto por su bandera. Esloveno, pero formado en Gran Bretaña y con esa nacionalidad desde 2015, estuvo a la espera de resolver problemas con el papeleo y tener la posibilidad de participar en la Copa Davis y los Juegos Olímpicos. Pero la Federación Internacional se lo negó por reglamento: ya había disputado la Davis por Eslovenia entre 2010 y 2012. Entonces debió resignarse y volvió a hacerlo en febrero para su país de origen.
La flaqueza de Bedene fue, durante un tiempo prolongado, sus lesiones en las muñecas. Sufrió más de dos en cada una, que detuvieron su progreso en el circuito profesional. «La clave para seguir creciendo es mantenerme libre de lesiones, algo que me frenó varias veces. Es bastante difícil sentir que no podés tomar la raqueta, que no podés hacer nada. Lo positivo, dentro del panorama negativo, fue que en ninguno de los casos tuve que operarme. Solamente tuve que hacer una rehabilitación de otro tipo; eso fue lo único positivo. Pero no quiero pasar más por allí», explica el finalista menos pensado de Buenos Aires que, a una década del título de Nalbandian en Palermo, anhela emularlo.
Imagen de AFP para el Diario LA NACIÓN
Olivia Díaz Ugalde Diario LA NACIÓN 14 de Febrero de 2018
Rutina, palabra importante dentro de la vida de un deportista de elite. Rutina para los entrenamientos, para las comidas, para los descansos. Se trata de respetar ese orden interno. Por eso, Guido Pella se ata a ella. De hablar monocorde, sus ojos fijos en el horizonte muestran que hay una fuerte convicción interior. Que hay ganas para que esta elección de vida otorgue sus frutos, más allá que por estar en la única semana de competencia en la Argentina se permita ciertas licencias.
«Hoy -por este martes- no puse despertador, porque generalmente los días en los que la carga emocional es muy alta uno no duerme bien y la verdad que la noche anterior no había sido buena, dormí poco y muy cortado. Por suerte hoy pude forzar el sueño hasta las diez de la mañana, y me desperté tranquilo», relata el tenista que la noche del lunes ganó el duelo de argentinos frente a Nicolás Kicker por 2-6, 6-4 y 6-4 en dos horas de juego. «Desayuné y ya vine al club para comer y entrenar».
En segunda ronda del Argentina Open enfrentará, este miércoles a las 14, al español Fernando Verdasco y para eso debe recuperar el desgaste emocional del lunes. «Son partidos con mucho desgaste emocional, porque jugás en casa, está toda tu familia y amigos afuera de la cancha. Por eso no es fácil jugar en Buenos Aires, más que nada porque hay una sola semana que jugamos de locales y entonces la oportunidad que uno tiene de jugar bien es muy chica y hace que esa presión se siente en la cancha», explica Pella, número 59 del ranking ATP.
Si bien el desgaste se siente, el jugador debe atender su rutina. Ese orden preestablecido que su cuerpo conoce y necesita. «Después del partido con Kicker me quedé dos horas más en el club. Comí, elongué, me duché, hice baño de hielo, bici, todo lo que es la etapa de recuperación y me terminé yendo como a las 12 de la noche y hasta que me dormí se hicieron las dos de la mañana. Prácticamente así son todos los días», describe el jugador nacido en Bahía Blanca.
Los momentos libres también están pautados. Nada de deportes alternativos, ni mucha red social para él. Sí mucha caminata, series y películas. Cuanto más ajeno al tenis, mejor, más relaja. «Soy de los pocos que no usan tanto las redes sociales, trato de no estar mucho tiempo ahí porque genera un cansancio, no hay filtro, entonces cualquier comentario afecta. Por eso, en semanas de torneo intento no leer nada», señala y añade: «Me gusta ver fútbol, el sábado no pude ver a Olimpo porque no estaba y además no tengo el pack fútbol. Pero siempre que puedo lo veo o lo sigo por internet.
En mi tiempo libre trato de estar lo más alejado del tenis posible, trato de mirar películas, series, si está mi familia trato de aprovecharlos e ir a cenar con ellos. Y si estoy en otro torneo busco lo mismo, salir a caminar, buscar un lindo lugar para ir a comer y pasarlo de la mejor manera posible. Porque todo esto hace que lo disfrutes más.»
Coinciden todos los tenistas argentinos que jugar en Buenos Aires es único. Porque se está rodeado de sus familiares, pueden dormir en sus casas, y el cariño del público se siente mucho. Este último es uno de los factores que más motivan a los jugadores, y aunque generan presión, ellos lo disfrutan y lo usan de motor inspirador.
«Se siente mucho el cariño de la gente. El otro día lo estaba pensando, desde el momento que empecé a competir en categoría juniors hasta ahora se va notando el cariño. Porque uno entra como un desconocido y a fuerza de resultados, de tener contacto con la gente, de tener varios años en el circuito, se siente ese apoyo. Y eso la verdad hace mucho más llevadero, mucho más linda esta profesión», reflexiona, con una sonrisa.
Imagen del Twitter de Argentina Open
José Luis Domínguez Diario LA NACIÓN 13 de Febrero de 2018
Imponente por su estatura (1,93m) y contextura, Gael Monfils tranquilamente podría ser confundido con una figura de la NBA, al estilo de Carmelo Anthony, su ídolo. El francés adora el básquetbol y es fanático de New York Knicks.
También le encanta el fútbol, y podría haber seguido los pasos de Rufin, su padre, nacido en Guadalupe y que, según cuenta Gael, llegó a jugar en la Ligue 1 francesa. Pero Monfils se dedicó al mundo de las raquetas y es un muy buen tenista.
Llegó a ser el número 6 del mundo y actualmente ocupa el puesto 43º del ranking; una posición injusta para su capacidad y talento, que muchas veces se ha visto perjudicado por las lesiones, que le han impedido llegar aún más lejos. Pero el francés no se queja, y por el contrario, en una charla con LA NACION, dice que se siente «bendecido» por jugar al tenis.
Monfils es una de las figuras del Argentina Open. Para los memoriosos, no es la primera vez que Monfils desembarca en nuestro país. Jugó una exhibición, la Copa Peugeot, a fines de 2011, en el Buenos Aires Lawn Tennis Club. Pero esta vez, en el mismo escenario, la apuesta es distinta. Es la primera vez que Monfils viene a jugar por los puntos, lejos del frío europeo, e incluso de los torneos indoor que se juegan en su país. Empezó 2018 con un título en Doha, luego cayó en la segunda rueda del Abierto de Australia, ante Novak Djokovic, y la semana pasada estuvo en Quito, donde se despidió temprano, en cuartos de final.
«Vine porque quería empezar a jugar en polvo de ladrillo. Es una superficie que se me da bien, también quería jugar en Sudamérica, que es algo que le faltaba a mi carrera, y pensé que este era un buen momento. Respecto de lo que sucedió el año pasado, tuve problemas con mi rodilla derecha, y por eso pensé que era mejor jugar en canchas lentas, y también que Buenos Aires era una buena opción», cuenta Monfils.
El estreno fue un auspicioso triunfo por 6-1 y 6-4 sobre el uruguayo Pablo Cuevas, un rival nada accesible para una primera rueda, pero el francés se mostró más consistente y sólido, con apenas un par de toques de su estilo, tan versátil como impredecible. En la segunda ronda se enfrentará con el serbio Dusan Lajovic.
«Conocía mucho de este torneo porque se habla bastante, estamos al tanto de que es un gran campeonato, que vienen muchos nombres de peso, y en lo personal también me quedó un gran recuerdo de aquella vez que vine. Se ve que el público entiende de tenis, es algo que se siente en la cancha», dice Monfils.
Y, más allá de su capacidad, no se ve como candidato: «No, definitivamente no soy uno de los favoritos. En este momento a mí me sirve venir y ganar un par de partidos. Estoy feliz por haber ganado mi primer partido a un rival que siempre es duro. Recién ahora me siento un poco mejor, porque llegué hace un par de días con un resfrío, y me costaba un poco respirar».
Es uno de los jugadores preferidos de la gente por su estilo espontáneo, capaz de imprimir golpes de enorme jerarquía; una garantía de espectáculo. Pero, por otra parte, a Monfils no se lo ve muy convencido con el cartel de ‘showman’, incluso cuando Djokovic aseguró, hace un par de años, que el francés era el único jugador por el que aceptaría pagar una entrada. «La gente puede decir lo que quiere, y a veces es como que trata de encasillarte dentro de algo.
Todo lo que hago es para ganar el punto, es lo que me sale; después, si le gusta a la gente, mucho mejor. Me divierto con el tenis, y es importante disfrutar el juego, pero no por eso dejo de ser profesional», responde.
También es un fiel exponente de la reconocida escuela francesa, que ha gestado muchos jugadores de exquisita técnica, y que el año pasado vio coronado su esfuerzo con la obtención de la Copa Davis. Pero aún aguarda la irrupción a la altura de una de las leyendas que lideran el tour en estos días. «Sólo nos falta un poco de suerte. Tenemos muchos buenos jugadores, pero los que están arriba son Federer, Nadal, no es fácil. Y nunca sabés dónde puede nacer el próximo fenómeno, si en Suiza, en Moldavia.», dice.
En lo personal, explica sobre su situación: «No es fácil mantenerse todo el tiempo al ciento por ciento, y a veces el rival es mejor que yo, o yo no estoy en mi mejor forma. Tuve muchos problemas con lesiones, pero sé que si estoy bien puedo jugar de igual a igual contra cualquiera».
-¿Qué es el tenis para vos?
-El tenis, para mí, es alegría. Yo siempre digo que he sido un bendecido por jugar al tenis. Desde donde vengo nadie hubiera podido predecir que yo me dedicaría al tenis. El tenis es algo divertido para mí.
-¿Es cierto que cuando eras chico te gustaba más el fútbol que el tenis?
-Bueno, mi padre (Rufin) era un futbolista profesional, llegó a jugar en la Ligue 1, pero en mi vecindario nadie jugaba al tenis. Y fueron mis padres los que me enseñaron a jugar al tenis. Sí, es cierto, cuando era joven no sabía nada de tenis; empecé a jugarlo porque era divertido, pero cuando iba a la escuela se hablaba de fútbol, no de tenis.
-¿De qué jugabas?
-Prefería jugar como delantero, pero después mis compañeros me pedían que fuera al mediocampo porque era el que más corría, y cuando estábamos perdiendo me mandaban al arco (risas).
A los 26 años, el número 10 del mundo sigue con su crecimiento; sin embargo, seis años atrás estuvo al borde del retiro por una hernia discal lumbar y asegura que esa lesión lo marcó para toda la vida
Sebastián Torok Diario LA NACIÓN 13 de Febrero de 2018
Pablo Carreño Busta es, a los 26 años, el número 10 del mundo de las raquetas, su crecimiento no se detiene y posee virtudes como para seguir haciéndolo. Sin embargo, hace tan sólo seis temporadas estuvo cerca del retiro. Una hernia discal lumbar, literalmente, lo tumbó.
«Tuve una lesión grave, con 20 años, en 2012. Fue un momento muy difícil, que te marca para el resto de tu vida, no sólo para el resto de tu carrera. Los médicos me dijeron que me tenía que operar, con los riesgos que eso siempre tiene. Aunque nunca lo piensas ni lo deseas, la cirugía puede salir mal. Por suerte salió todo bien. Me operé en Barcelona, con el doctor Enric Cáceres, un especialista en estas lesiones, que también operó a futbolistas como Yaya Touré o Santi Cazorla», le dice a La Nación el jugador nacido en Gijón, segundo favorito en el ATP de Buenos Aires, donde debutará este jueves, por la 2ª rueda, frente a su compatriota Guillermo García López, que derrotó a Carlos Berlocq por 6-3 y 6-3.
Aquella cirugía lo dejó inactivo durante siete meses. Comenzó 2012 en el puesto 136° y lo terminó en el 654. Pero en 2013 protagonizó el mejor regreso del tour, ascendiendo 650 posiciones. «La recuperación fue muy importante, los meses posteriores a la operación hicimos un gran trabajo con mi equipo y de momento no he tenido ningún problema. Tocamos madera para que siga así (toca la mesa con la mano). Lo que sentía era muy doloroso. No podía jugar. El dolor era debajo de todo, en la última vértebra lumbar. Hubo un momento en el que no podía hacer vida normal. Llegué a no poder agacharme para ponerme las medias. No podía conducir. Apenas podía caminar. Tras unas infiltraciones mejoré mucho, pero para hacer vida normal, no para seguir jugando al tenis.
Llegué a un momento en el que mi única solución era operarme si quería volver a competir. A pesar de los riesgos, lo hice. A los dos meses de la operación ya empecé a tocar la raqueta, a los cuatro meses ya estaba preparado para competir, pero me lo tomé con calma, esperé hasta los seis meses para tener ranking protegido, no tenía prisa, había perdido casi todo el ranking, me daba lo mismo empezar del 600 que del 400 y había que hacerlo bien», rememora Carreño.
-¿Qué pensaste antes de entrar en el quirófano?
-Pfff. Fue gracioso, porque el que me estaba llevando en la camilla me anunció que esa noche había muerto Manolo Preciado, un entrenador que tenía mucha historia en el Sporting Gijón [Carreño es fanático de ese club de fútbol de la segunda división española]. No fue muy oportuno que digamos (lanza una carcajada). Para nada quería pensar que la operación podía salir mal, era muy positivo y cuando el médico me lo recomendó, dije: ‘Adelante’. Con la lesión llegué a pasarla muy mal, con las manos no llegaba a mis pies. Y eso es muy difícil para un chico de 20 años.
-¿Lloraste mucho?
-No en ese momento. Lloré después, cuando empecé a jugar y vi que mi nivel no era el mismo. En 2013 las cosas empezaron a salir muy bien, pero empecé a jugar en octubre de 2012 en algunos Futures, dos en octubre y dos en noviembre, y sentía que no sabía jugar al tenis. Venía de querer poner la bola donde se me cantaba y pasé a tener sensaciones horribles, que la bola fuera a donde quería ella. Había perdido totalmente la referencia de la cancha. Lo más difícil no fue la recuperación en el gimnasio, sino el proceso hasta volver a sentirme otra vez tenista. En diciembre las cosas empezaron a salir bien y ya fue todo bueno. Las lesiones son lo peor para los deportistas, porque se ve truncada tu carrera, se para, no tienes opción. Si juegas y haces las cosas mal se puede mejorar, pero si no tienes la opción de jugar, te frustrás. Mi familia me apoyó, como también mi preparador físico, que es argentino, Walter Navarro.
-¿Cuál es el secreto de tu explosión actual?
-La explosión empezó un poco en 2016, cuando empecé a trabajar en la academia de Juan Carlos Ferrero. Gané mucha confianza y agresividad en mi juego. El año pasado exploté totalmente, empecé a confiar muchísimo en mí. Habíamos marcado un objetivo, que era lograr grandes resultados en torneos importantes y lo conseguimos. Ya en Indian Wells, en marzo, en uno de los mejores Masters 1000 de toda la temporada, hice semifinales; luego llegué a cuartos de final en Roland Garros y a semifinales en el US Open.
Fue un año espectacular. Empecé a creer en mí. También soy una persona autoexigente y no siempre se puede, en esos momentos me cabreo mucho. Pero generalmente soy un chico tranquilo. Cuando estoy fuera de la cancha suelo tener mucha paz. Me gusta mucho ver fútbol, me gusta jugarlo, aunque por desgracia no puedo hacerlo. Me encantaba David Villa, que empezó a jugar en el Sporting, lo ha hecho muy bien con la selección española. También me gusta Iniesta, es muy bonito verlo jugar
-¿Qué tan pesada es para los tenistas españoles la herencia tenística de Rafael Nadal?
-Es complicada, es complicada. En la comparación con uno de los mejores jugadores de la historia sales siempre perdiendo. Yo, personalmente, nunca lo hice. Sería estúpido compararme con Rafa Nadal. A la gente y a la prensa en general les gusta mucho hacer comparaciones, pero como siempre sales perdiendo prefiero no mirar mucho los resultados. Rafa es único y vamos a tardar muchísimos años en tener a otro Rafa Nadal, si es que se tiene a otro. Es como Messi en el fútbol. Intento hacer mi camino y ser Pablo Carreño. Tengo muy buena relación con Rafa desde que lo conocí en persona en la Copa Davis de 2013, cuando fui de sparring; jugamos en Madrid contra Ucrania. Desde ese momento, en el que vivimos una semana juntos, tuvimos una gran conexión. Luego jugamos dobles juntos en Indian Wells, en Pekín. La paso muy bien con él, aprendo mucho, me ha dado consejos, me gusta observarlo.
-En 2017 perdiste en las semifinales de Buenos Aires con Alexandr Dolgopolov, luego campeón. ¿Qué expectativas tenés para tu quinta participación en el ATP porteño?
-Me gusta venir a Buenos Aires. Además, este año estoy notando que la gente me anima mucho, que me tiene cariño. Se ve que los últimos resultados ayudaron para hacerme más popular. Sé que el partido con Schwartzman en el US Open [por los cuartos de final] se vio mucho, pero le gané, así que no sé (sonríe). Este es un gran torneo, hay un cuadro muy bueno, va a ser difícil llegar lejos, pero estoy jugando bien y quiero prolongar los éxitos españoles aquí.
Olivia Díaz Ugalde Diario LA NACIÓN 13 de febrero de 2018
“No importa el resultado, haber participado del Argentina Open fue una gran experiencia. Estar rodeado de tan buenos jugadores te incentiva para arrancar bien el año. Ver cómo entrenan, cómo juegan le sirve a uno para medirse y ver cuánta diferencia hay con ellos y dónde está esa diferencia», explica Pedro Cachin , ubicado en el puesto 276 del ranking ATP a LA NACION. «Porque en estos torneos los sentís tan cerca, pero en realidad están tan lejos, hay una eternidad», añade, distendido.
El jugador nacido en Bell Ville, Córdoba, que cumplirá 23 años el 12 de abril, recibió una invitación para formar parte del main draw del ATP de Buenos Aires, su segundo torneo de esta categoría. «Son duros este tipo de torneos para un chico como yo que está intentando meterse. Pero fue una oportunidad con la cual lidiar y a uno lo incentiva mucho jugar acá. Hay que saber que vas a jugar contra jugadores con un nivel muy alto y que están en el circuito hace mucho tiempo y saben cómo jugar este tipo de torneos», describe el tenista que en primera rueda perdió con el brasileño Thomaz Bellucci.
El llamado de Martín Jaite lo tomó por sorpresa. Él había llegado desde Barcelona el miércoles para jugar la clasificación del torneo y el viernes cambiaron sus planes. Lejos de perder el foco, sabe que está lejos de los tenistas top, pero centrado en su potencial confía en su camino y toma cada oportunidad como una fuente de aprendizaje. «Soy sincero conmigo. Estoy en el nivel de challenger, esta experiencia no me va a perder, no me va a sacar del eje, esto fue una invitación», remarca.
Haberme ido a vivir solo a los 18 años solo me ayudó. Uno tiene que crearse una vida nueva, y la misma experiencia te va torciendo y te va haciendo sobrevivir, vas creciendo a los golpes.
Cachin es camada 95 y su camino siempre estuvo en el circuito de futures y challengers. Apenas participó del ATP de Barcelona en 2016 y el Abierto de los Estados Unidos junior en 2012. Pero su historia es mucho más rica, y comienza con esas decisiones difíciles de tomar cuando se tienen 14 años. A esa edad tomó el valor de mudarse solo a Villa María (a 57 kilómetros de su ciudad natal) para dedicarse en su totalidad al tenis en el Club Sport Social.
Seis años después, por un amigo en común de su papá con Alex Corretja- ex tenista español, número 2 del ranking en 1999-, apareció la oportunidad de emigrar a Barcelona y el jugador no dudó.
«Hoy veo el tenis con más claridad y soy más consciente de lo que tengo que hacer para ganar los partidos. Personalmente, haberme ido a vivir solo a los 18 años solo me ayudó. Uno tiene que crearse una vida nueva, y la misma experiencia te va torciendo y te va haciendo sobrevivir, vas creciendo a los golpes. Crecí mucho más personalmente, lo que hizo que creciera en el tenis», confiesa.
Su tonada cordobesa aparece tímidamente entre sus frases. Su voz denota seguridad y confianza. Habla pausado, piensa sus respuestas. Conoce la materia y por eso no titubea al momento de ser autocrítico y explicar los gajes del oficio. Desde 2014 sus números lo respaldan. Ese año ganó 61 partidos y perdió 22. El año pasado salió victorioso en 57 y tan sólo cayó en 25. Si bien el puesto en su ranking muestra que aún está lejos del top 100, su crecimiento es cada vez más pronunciado.
-¿Cuál creés que es la diferencia entre los jugadores top y los jugadores del circuito challenger?
-Una de las diferencias está en que los jugadores ATP saben que es su trabajo, y por eso tienen más responsabilidades. Tienen un equipo más grande de personas que lo rodean. Entonces se lo toman con la madurez que eso requiere. Si bien yo también me lo tomo así, ellos no se dispersan tanto. Saben lo que tienen qué hacer. Además tienen un calendario más certero, saben cómo serán sus fechas, sus tiempos, y esa es la mayor diferencia. El circuito challenger no te permite esa seguridad. Mi ranking, por ejemplo, no me permite esa certeza. Tengo que ir viendo donde entro cada semana y eso varía la superficie en la que jugás entonces es un poco más complicado.
-¿Estás listo para dar ese salto? ¿Haber emigrado a Barcelona te ayudó a encaminarte?
-El nivel de challenger no deja de ser bueno y es muy difícil estar ahí. Del uno al diez, creo que estoy en un seis, pero consciente de que estoy cerca de esos últimos cuatro puntos, en los que las diferencias pasan por detalles mínimos. Fue un salto muy grande mudarme a Barcelona, pero allá estoy muy bien e hice muchas amistades, mi vida. Volvería a elegirlo, sin dudarlo. Además tengo a mis entrenadores, ambos catalanes -Victor Cancellier y Javier Beltrán (PF)- y el apoyo permanente de Alex Correjta: gracias a él logré todo esto.
-¿Qué rol cumple Corretja en tu vida?
-Alex tiene una empresa de management, pero lo mio ya es más familiar. Hablo todos los días tanto de tenis como de mi vida personal. Al principio fue impresionante cómo me acogieron, realmente no tengo palabras de agradecimiento. Él es mi asesor tenístico, hubo momentos en los que estaba mucho más abocado a mí. La palabra de Alex para mi es algo mayor, porque realmente lo que hizo conmigo fue enorme
Foto de Sergio Llamera del Diario LA NACIÓN
Sebastián Torok Diario LA NACIÓN 12 de febrero de 2018
El court número 3 del Buenos Aires Lawn Tennis Club es una olla en ebullición. Ubicado contra las vías del club, luce una suerte de microclima especial. Hay euforia, hay aplausos, hay fotografías, hay algunos gritos. Lo que no hay es espacio en su única tribuna tubular. Son cien, doscientos, trescientos; algunos más también. Unos están cómodamente sentados en las butacas, otros -los que llegaron más tarde- se ponen en puntas de pie y hacen esfuerzos para seguir los raquetazos desde cualquier rincón. Son Diego Schwartzman y Dominic Thiem quienes le pegan a la pelotita bajo el sol porteño.
El austríaco, número 6 del ranking y primer favorito en el ATP de Buenos Aires, ostenta un revés de una mano poético y el público lo admira en cada movimiento. Pero, en realidad, es el Peque el que se lleva los máximos aplausos. El 24º del mundo vive el momento más valioso de su carrera. Y es, de las nueve raquetas nacionales del cuadro principal, la que despierta mayores expectativas.
«No puedo creer la cantidad de gente que fue a verlo entrenar. Impresionante», comenta la incondicional Silvana, madre de Schwartzman, que no para de vivir emociones fuertes desde que su hijo, después de pelearla tanto durante la etapa de formación y los inicios del profesionalismo, empezó a hacer ruido en el circuito.
«El Peque es un pibe que se habitúa muy bien a las altas expectativas, que le gusta jugar con mucha gente, que le gusta la tele y que convive bien con eso. En el único lugar donde, quizás, todavía no pudo convivir bien fue en la Copa Davis, que es el único punto donde no tuvo el nivel que realmente tiene», le dice Martín Jaite, el director del Argentina Open, a La Nación.
Hace mucho tiempo que la única estación del ATP World Tour en la Argentina no tiene un ganador local. Más precisamente, una década. Fue David Nalbandian, en 2008, el último albiceleste en consagrarse. En aquella edición, el unquillense, por entonces 11º del ranking, llegó como el primer favorito al torneo y superó, en cadena, al australiano Peter Luczak (en aquel momento, 79º), al italiano Fabio Fognini (78º), al italiano Potito Starace (35º), a Juan Ignacio Chela (25º) y en la final a José Acasuso (51º) por 3-6, 7-6 (7-5) y 6-4. Después de allí, hubo siete títulos de bandera española (tres de David Ferrer, uno de Tommy Robredo, uno de Juan Carlos Ferrero, uno de Nicolás Almagro y otro de Rafael Nadal), una conquista austríaca (Thiem) y un festejo, el de 2017, del ucraniano Alexandr Dolgopolov.
Luego de perder los dos primeros desafíos de la temporada (frente a Dolgopolov en Brisbane y Feliciano López en Sydney), Schwartzman alcanzó los octavos de final del Abierto de Australia. Se despidió de Melbourne frente al número 1 del circuito, Rafa Nadal, cayendo en cuatro sets intensos y mostrando un nivel muy alto. Por ello, más todo lo que logró el año pasado, el jugador formado en Náutico Hacoaj aparece como una excelente opción para romper la racha de la falta de campeones locales.
El camino no es sencillo, claro. El cuadro del Argentina Open, que hoy levantará el telón, ostenta otras raquetas de peligro: además de Thiem, el español Pablo Carreño Busta (10º del mundo), el español Albert Ramos (21º), el italiano Fabio Fognini (22º), el británico Kyle Edmund (26º) y el uruguayo Pablo Cuevas (32º), entre las principales.
El primer desafío de Schwartzman será mañana frente al austríaco Andreas Haider Maurer (30 años, 420º del mundo, ex 47º en 2015), a quien venció las dos oportunidades en las que se enfrentaron, siempre sobre polvo de ladrillo, la misma superficie del BALTC: en Hamburgo 2017 y Roland Garros 2015. En caso de avanzar, el segundo rival del Peque surgirá del cruce entre el argentino Pedro Cachín (272º; recibió una invitación) y el brasileño Thomaz Bellucci (108º).
«Ojalá que pueda romper el maleficio. También sé que es muy difícil ser campeón. Pero el primer objetivo que tengo que tener es jugar en mi mejor nivel y ganar la primera ronda. Sé que tengo que ir partido tras partido. Ganar partidos hace que me vuelva más firme, más peligroso. No quiero ir más allá del primer partido», le explica Schwartzman a La Nación. Además de competir en el cuadro individual, el jugador entrenado por Juan Ignacio Chela y Leonardo Olguín participará del dobles, en pareja con su amigo Thiem (de hecho, debutarán hoy, no antes de las 15.30, frente a los checos Roman Jebavy y Jiri Vesely).
Fue un domingo radiante el que se vivió en el ATP porteño. Con entrada gratuita y el atractivo del Kid’s Day, los fanáticos del tenis poblaron el club. Y Schwartzman fue, sin dudas, una de las atracciones. «Me parece que Diego disfruta de todo lo que genera, más allá de la presión que tiene. Y me parece que está en un nivel de tenis donde antes se podía conformar con hacer un buen partido contra los buenos y hoy, cuando sale a la cancha, sé que en la cabeza tiene que le puede ganar a cualquiera. Pero el cuadro del torneo está muy parejo, porque también puede explotar Guido (Pella), puede ser un buen torneo para Fede (Delbonis), si Leo (Mayer) está enchufado puede ser peligroso. Me encantaría que un argentino llegue a la final y si la gana, mejor», apunta Jaite, director del certamen desde su primera versión, en 2001.
Y Schwartzman agrega: «Estoy sorprendido por el contagio de la gente. Que vengan a ver mis entrenamientos y lo que se genera es bárbaro, me provoca una linda presión. Ojalá pueda responder, demostrar lo vengo haciendo y que disfruten de verme en mi mejor nivel».
En 2011 y 2012, Schwartzman no logró pasar la clasificación del Argentina Open. Jugó por primera vez el cuadro principal en 2013 y alcanzó la segunda rueda. En 2014 volvió a caer en la qualy. En 2015, 2016 y 2017 regresó al main draw pero no superó el segundo desafío.
Este año, su anhelo es muy distinto. «Puede ser que me sienta más peligroso y sea un gran momento, pero también hay muy buenos jugadores, es de los mejores cuadros de los últimos años en el ATP. Tengo que estar concentrado, tratar de jugar bien. Ojalá que pueda llegar lo más cerca del fin de semana, es el objetivo. Quiero ganar varios partidos en casa, tengo muchas expectativas, me siento capaz de ganarle a muchos jugadores si estoy en mi mejor nivel», sentencia Schwartzman, el pequeño gigante que no deja de evolucionar y en el que muchos confían para que el ATP porteño vuelva a tener un campeón argentino.
José Luis Domínguez Diario LA NACIÓN 10 de febrero de 2018
Son las 16.20 de una tarde más en el Buenos Aires Lawn Tennis Club, con un sol que parece convertir el polvo de ladrillo del court central en un torrente de lava. Una jornada de 35 grados que se quedan cortos ante una sensación térmica que lo calcina todo.
«Ya me había olvidado el calor que hace acá», suelta Juan Mónaco después de los primeros minutos de entrenamiento. «No te preocupes, cuando te toque jugar no va a estar tan pesado», le asegura Martín Jaite, el director del Argentina Open.
En esa cancha en la que vivió muchas alegrías y protagonizó batallas inolvidables, Mónaco juega dobles un rato con Mariano Zabaleta, casi un hermano mayor en la vida de Pico; del otro lado de la red, más amigos: Juan Ignacio Chela y Gustavo Marcaccio, el entrenador de Guido Pella. Diego Schwartzman, que ya terminó su ensayo, mira un rato y aplaude un punto vistoso desde la tribuna.
Alrededor del estadio Guillermo Vilas, los obreros trabajan en la puesta a punta del predio que albergará en los próximos días el ATP de Buenos Aires , que por primera vez incluirá el Torneo de Leyendas, con Mónaco, Zabaleta, Chela y Gastón Gaudio como estrellas. Este certamen de un par de días -lunes y martes- es la excusa para esta reunión de exlegionarios.
La práctica bajo el fuego dura una hora, y es suficiente. Pico se sienta al costado de la cancha y come una manzana; convertido en una celebridad a partir de su nuevo papel como conductor y animador en la televisión abierta, además de protagonizar una mediática relación con Carolina «Pampita» Ardohain. Por eso, hasta las empleadas del club llegan corriendo para tomarse una selfie, y Pico accede hasta la última foto con amabilidad.
No hubo tiempo para la depresión post-tenis. Mónaco se subió de inmediato al reto de enfrentar con soltura las cámaras de televisión. La TV no es su única ocupación: Mónaco también le dedica tiempo a La Paloma, una cervecería artesanal en Mar del Plata de la que es uno de los socios, y Casa Babel, el bar que abrió recientemente en Punta del Este, además de un campo yerbatero en Corrientes.
Finalmente, se carga el bolso al hombro y se encamina a los vestuarios. Es una imagen fresca en el tiempo, como si el último entrenamiento hubiera sido ayer. Hasta el raquetero tiene la etiqueta de viaje de hace diez meses. «Es el que usé en la última gira; así como lo dejé, quedó», confirma. Incluso la raqueta es la misma que empleó en su último partido como profesional, el 11 de abril del año pasado, una caída en sets corridos ante el alemán Dustin Brown, en Houston.
«Desde ahí, sólo jugué un rato contra un amigo, en Miami, y la semana pasada, cuando me junté con el Negro (Zabaleta). Y ahora, que jugué 20 minutos contra (Guido) Pella», recuerda. En medio de la vorágine de su nueva vida, Mónaco volverá al tenis por un par de días. Mientras el raquetero de siempre descansa en un sofá, el ex top 10 charla con LA NACION bajo la tribuna central del Buenos Aires.
-¿No extrañabas un poco la raqueta?
-Y. ahora que jugué, y estoy en este ámbito de tenis, es lindo reencontrarse. Cuando tomé la decisión de no jugar más, tenía muy claro que estaba saturado del tenis, de la vida del tenista; sabía que quería cambiar y buscar otro desafío. Pero es lindo volver a esta cancha, entrenarme, me ilusiona y me pone contento que me hayan invitado a jugar este Torneo de Leyendas. Un poco lo extrañaba, sí.
-¿Y cómo sentiste tu tenis después de diez meses sin jugar?
-Le pregunté a Pella, con el que jugué, a ver cómo estaba, porque por ahí de aire me sentía mal, pero de golpes lo sentía bien, y él me dijo que estaba bien, que la velocidad de bola era buena, y eso me motivó. Así que en estos días me voy a entrenar con los chicos; me gustó, je.
-Para el torneo de leyendas volvés a un lugar especial, aquí viviste una de tus mayores alegrías deportivas, tu primer título de ATP, hace once años.
-Uf. Eso está lejísimo. Once años. Es un número. Después jugué dos finales más acá, una semifinal. La verdad es que a lo largo de mi carrera el torneo de Buenos Aires siempre fue muy importante. Me gustaba muchísimo jugar con la gente de mi país, tener familiares y amigos y conocidos, que te seguían todo el año y podía devolverles acá el apoyo que me brindaban. Era una semana especial. Acá fue mi debut como profesional en ATP, cuando Martín (Jaite) me dio una invitación, a los 19 años; también gané mi primer torneo y debe ser el torneo en el que más partidos gané.
-Igual está claro que es todo por un rato.
-Sí, es hasta ahí, nomás. Lo hago porque es recreativo, porque me gusta y me produce satisfacción y porque es reencontrarme con mi mundo. Ahora estoy en la televisión, pero mi cable a tierra es el mundo del deporte, y el tenis. Todo esto es muy familiar para mí.
-Es que pasaron apenas diez meses desde tu retiro, pero da la impresión de que sucedieron muchas cosas en el medio.
-Sí, hubo algo de eso. Pero lo que me motiva es aceptar desafíos todo el tiempo, y mientras más grande, o más dinámico, o más cambiante sea lo que estoy haciendo, más me gusta, porque me meto en mundos que no conozco y trato de aprender. Puedo equivocarme, pero sé que puedo aprender cada día un poco más del mundo televisivo y de la gastronomía, y otras inversiones que hago. Todo el tiempo se aprende y eso me nutre como persona, me hace más completo.
-¿Y qué es lo que te sorprende de lo que viviste en estos diez meses?
-Me sorprende que hay un mundo muy distinto después del tenis. Porque uno, cuando está sumergido en el ambiente tenístico, piensa solamente en tenis y cree que todo gira alrededor de eso. Ese es el mundo en el que vivimos mucho tiempo; por cómo te tratan en los torneos, porque tenés seis o siete personas pendientes de vos, que dependen de vos porque sos el jefe de la empresa. Estás 30 semanas compitiendo afuera y en las restantes estás entrenándote en Argentina, y tu cabeza piensa el 90 por ciento en tenis. Entonces creés que ese es el único mundo que existe.
Cuando no lo tenés más, te das cuenta que el tenis, en la Argentina lo mira un millón de personas, que no deja de ser un número, pero también hay 39 millones que por ahí no saben mucho. Cuando te vas del tenis, ves que hay 700 mundos distintos aparte de la raqueta, y ahí entrás en la realidad, en la vida cotidiana de las personas que no son del ámbito deportivo y te das cuenta de muchísimas cosas que pasan. Ahora vivo el día a día como cualquier persona corriente.
-El tenis te obligaba a estar atento en cada detalle, a planificar todo un año por delante, cada gira. ¿Podés programar todo ahora o vivís más el momento?
-Es más difícil proyectar a largo plazo en el mundo televisivo, porque uno depende de un rating, de cómo va un programa, de muchos factores que uno no puede controlar. En lo deportivo uno sí puede armar un calendario, ponerse metas. Esto es pensar a uno o dos meses, es un mundo nuevo para mí, y dependo de mucha gente. Lo mismo sucede con otras inversiones que hago.
-¿Y ya estás acostumbrado a no viajar 30 semanas al año?
-La verdad es que al principio fue raro. Porque yo me fui de mi casa a los 15 años para empezar con el tenis y todo era tomar un avión, competir, estar afuera, con nuevas culturas, otros países, otras comidas y otros idiomas, y de repente no viajé más. Y el cuerpo me pedía salir de Argentina, sentía esa necesidad después de 60 días, de una rutina que no tenía. Necesitaba irme de viaje. Por eso me fui un par de veces. El cuerpo necesita una adaptación al día por día. Ahora estoy de vacaciones, pero desde marzo voy a tener una rutina como cualquier persona.
-¿Qué dijo Rafa Nadal cuando te vio como conductor de TV?
-Se reía, no puede creerlo. Hablo con frecuencia con él, y todavía me pregunta si sigo en la televisión, cuándo voy a volver al circuito, cuándo voy a acompañar a algún jugador… y no. Hoy en día estoy sumergido en esta burbuja, que para mí es un desafío constante, y lo tomo con profesionalidad, como me tomaba el deporte. Le tengo muchísimo respeto a la televisión, a la producción para la cual trabajo, y lo disfruto. Pero es cierto que mis ahora excolegas no pueden creer que estoy en dos programas de televisión. Es un cambio bastante grande.
-¿Cómo ves la situación del país, ahora que estás viviendo acá casi todo el tiempo?
-Mucho no me gusta hablar de política. Siento que estoy expuesto como para hablar de algo de lo que no tengo tanto conocimiento. Sí creo en las personas que mandan los mensajes, pero no creo tanto en la política. No hablo porque no quiero sentirme «afiliado» a algo. Soy apolítico, aunque sí veo que hay otro aire, hay un cierto cambio, una leve mejora. Pero va a llevar un tiempo. Tuve la posibilidad de estar en muchísimos países, sé que Argentina tiene un margen de mejora brutal, y este puede llegar a ser el camino. Si no hay corrupción, cualquier político que trabaje y tenga un buen mensaje puede ser el camino.
-Es que hubo muchos casos de deportistas como vos, con buena imagen, que podrían estar interesados en incursionar en política.
-Es difícil. Le tengo mucho respeto a la política, no es lo mismo que la televisión. Un error en la política marca para toda la vida y un error en la tele o en el tenis no significa nada. Siento que es demasiado el riesgo. Por más que uno quiera hacer bien las cosas, su imagen puede ensuciarse muy fácilmente, y sin que uno cometa el problema ni tire la piedra. Es un tema que me genera respeto. Hoy no me metería, y en un futuro cercano tampoco. No lo veo.
Cómo se jugará el Torneo de Leyendas en el Argentina Open
El certamen se disputará entre el lunes y el martes, y se podrá acceder a estos encuentros con la entrada de ambas jornadas (sin sesión nocturna), a partir de las 17.45. Pico Monaco y Mariano Zabaleta conformarán el equipo Blanco, y del otro lado estarán Gastón Gaudio y Juan Ignacio Chela, integrantes del equipo Azul. El lunes disputarán un partido de dobles de un set. Y el martes jugarán dos encuentros de singles cada una de las leyendas, con super tie-breaks a 10 puntos.
Foto del Twitter de Argentina Open
Diario LA NACIÓN 18 de Febrero de 2018
La dupla local integrada por Horacio Zeballos y Andrés Molteni conquistó hoy el título de dobles del ATP de Buenos Aires, al vencer en la final a los defensores del título, los colombianos Robert Farah y Juan Sebastián Cabal por 6-3, 5-7 y 10-3.
Zeballos, nacido en Mar del Plata y ubicado en el puesto 37 del ranking mundial de dobles, y Molteni (51), de Capital Federal, emplearon una hora y media para imponerse sobre Cabal (14) y Farah (21) ante unas 3.000 personas que soportaron un calor por momentos agobiante en la cancha central del Buenos Aires Lawn Tennis Club.
La final de dobles fue el aperitivo de la de singles que jugaban a continuación el austriaco Dominic Thiem (6), máximo favorito al título, y el esloveno Aljaz Bedene (51).
Thiem, campeón en Buenos Aires en 2016, está invicto en el Argentina Open con ocho victorias, mientras que Bedene, quien nunca ganó un título en el circuito, es la revelación del torneo y ‘verdugo’ de dos argentinos: Diego Schwartzman (24) en cuartos de final, y Federico Delbonis (70) en semifinales.
Télam
Foto del Twitter de Argentina Open
José Luis Domínguez Diario LA NACIÓN 19 de Febrero 2018
Dominic Thiem jugó de acuerdo a su condición de máximo favorito y número 6 del ranking mundial, y se adjudicó por segunda vez el torneo ATP de Buenos Aires al derrotar al esloveno Aljaz Bedene por 6-2 y 6-4, en la final disputada este domingo en el Buenos Aires Lawn Tennis Club.
Thiem, el máximo favorito del certamen, obtuvo el certamen sin ceder ni un set en los cuatro encuentros que disputó hacia la consagración. Bedene, la gran sorpresa de la semana, hizo lo que pudo, pero no logró poner en aprietos al austríaco, en una final jugada bajo el intenso calor porteño, con una temperatura de 33 grados y una sensación térmica cercana a los 40°.
Ganador en 2016, Thiem celebró su segunda corona en Buenos Aires y el noveno título de su carrera, casi doce meses después de su victoria en el Río Open 2017.
«Creo que hay una gran diferencia mi primer título aquí y el que conseguí ahora. Esta vez vine como gran favorito y quería ganar el torneo, otro resultado no iba a ser satisfactorio para mí. El de 2016 fue mi primer gran triunfo, pero creo que hoy soy un mejor jugador que hace dos años», analizó Thiem respecto de su primera victoria en el abierto bonaerense.
«El año pasado jugué la gira bajo techo en Europa, pero prefiero más jugar en este tipo de torneos, y la tierra batida es mi superficie preferida. Por eso vine a Buenos Aires con el objetivo de ganar y exponer mis cualidades. Estoy muy contento por esta semana, porque uno puede jugar bien, pero no siempre se puede ganar un torneo», amplió.
De su lado, Bedene se quedó con las ganas de alzar su primer título de ATP y sufrió su tercera derrota en finales luego de caer previamente en Chennai, India, en 2015, y en Budapest, el año pasado.
«No me tocaron finales sencillas. Tuve que jugar contra (Stan) Wawrinka, contra Lucas Pouille y ahora contra Dominic (Thiem). Siento que en algunos pasajes jugué bien, pero para ganarle a Thiem hay que estar al cien por ciento, y aun así no es fácil, porque él es uno de los tres mejores del mundo en tierra batida», consideró Bedene.
Más allá del traspié en la final, el esloveno llegará este lunes al mejor ranking de su carrera (43°), con un ascenso de ocho posiciones.
José Luis Domínguez Diario LA NACIÓN 17 de febrero de 2018
Apenas una hora y cuatro minutos necesitó Dominic Thiem para sacar el pasaje a la final del ATP de Buenos Aires. El austríaco pulverizó los pronósticos de un duelo parejo contra Gael Monfils y arrolló al francés por un 6-2 y 6-1 que estableció las diferencias de manera contundente.
Así, el campeón del Argentina Open buscará su segunda corona en el Buenos Aires Lawn Tennis Club este domingo, desde las 14, cuando se enfrente con el esloveno Aljaz Bedene, la gran sorpresa de la semana en el certamen que se disputa en Palermo.
Con el papel de gran favorito del torneo, Thiem se sintió a sus anchas en la tarde calurosa del Buenos Aires; con la derecha martilló y no le dio respiro a Monfils, que por el contrario, se mostró muy errático e incómodo. El número 6 del mundo exhibió un juego acorde con su ranking y también dejó en claro por qué es uno de los mejores jugadores del momento sobre polvo de ladrillo.
Thiem, de 24 años, va en busca de su noveno título en el ATP Tour, pero también con la idea de ponerle fin a un año sin festejos, ya que su último éxito lo consiguió en febrero de 2017 en Río de Janeiro.
Enfrente tendrá a un adversario que quiere levantar su primer trofeo de ATP, ya que Bedene sólo tiene dos finales previas, que perdió en Chennai, India, en 2015, y en Budapest, el año pasado. En el historial entre ambos, Thiem tiene ventaja de 2-1.
«Esta tarde jugué mi mejor partido del torneo, me sentí en gran nivel con mi juego. Las condiciones son excelentes para mí y me siento muy cómodo en esta superficie. Contra Bedene tengo que tratar de jugar como lo hice en los últimos dos días, con él jugamos varias veces y nos conocemos mucho», remarcó Thiem.
«Pude estar enfocado desde el comienzo. Me gusta jugar en condiciones como las que se dieron hoy, me sentí muy cómodo. Aljaz (Bedene) es un buen jugador, rinde bien en polvo de ladrillo y viene de ganarles a dos duros rivales como Schwartzman y Delbonis, así que tendré que mantener mi nivel para ganarle», amplió el sexto jugador del ranking mundial
José Luis Domínguez Diario LA NACIÓN 17 de Febrero de 2018
La ilusión de tener un jugador local campeón en el Argentina Open deberá esperar por lo menos un año más. En Federico Delbonis se sostenía la última esperanza albiceleste de lograr un título esquivo desde hace una década, cuando David Nalbandian se convirtió en el último argentino campeón en Buenos Aires, en 2008. Pero el zurdo, a pesar de ofrecer una batalla intensa, no pudo con el esloveno Aljaz Bedene, que se impuso por 6-4, 2-6 y 6-1, en la primera semifinal jugada este sábado en el Buenos Aires Lawn Tennis Club.
El azuleño (70°) cedió el primer set ante un rival que se mostró más regular y consistente en su juego. Delbonis perdió el saque en el primer game con varios errores no forzados, y no consiguió recuperar el break; Bedene, con un servicio que consolidó a medida que pasaban los games, mostró variantes, contraatacó bien en varias ocasiones, cortó el ritmo con drops oportunos, y conservó la diferencia para cerrar el capítulo inicial por 6-4.
El desarrollo empezó a cambiar en el segundo parcial. Parecía complicarse Delbonis con un flojo game de saque que Bedene aprovechó para ponerse 2-1, pero el argentino recuperó enseguida el break y encendió por primera vez en la tarde el apoyo del público. El esloveno pareció sentir el cansancio, perdió la efectividad y la regularidad que había mostrado hasta entonces y comenzó a fallar más. El argentino mantuvo el nivel alto y no tuvo problemas para sumar cinco games seguidos y llevarse el segundo parcial por 6-2.
A partir de ese desarrollo, la impresión era que Delbonis podía intentar la remontada, pero Bedene cambió el aire, se mostró recuperado en el comienzo del tercer set, y el zurdo de Azul tropezó otra vez en pasajes de irregularidad. En el tercer game, cedió su saque con una doble falta y un drive muy largo, y el esloveno tomó ventaja en el resultado y en el juego; ya no hubo espacio para más cambios en el partido y el control quedó definitivamente en manos del europeo, que se encaminó rápidamente hacia un 6-1 contundente, con el que selló su pase a la final.
Para Bedene, de 28 años, Buenos Aires será la tercera final ATP de su carrera, con la esperanza de conseguir su primer título, luego de perder las definiciones que disputó en Chennai, India, en 2015, y en Budapest, el año pasado.
Del otro lado, Delbonis se quedó con las ganas de llegar a la quinta final de su carrera. En Buenos Aires, el zurdo tuvo una gran semana después de haber empezado el año sin victorias. Pero se quedó con las ganas de llegar a la final. Juan Mónaco fue el último argentino en el duelo decisivo de este certamen, en 2015, cuando perdió con su amigo Rafael Nadal, mientras que Nalbandian fue el último campeón local.
«Cada fin de semana hay un ganador, y durante todo el año los títulos argentinos son pocos. Para ser campeón hay que conjugar varias cosas, está el hecho de jugar acá, de tener un buen cuadro, cosas que en algunos años se van dando o te tocan en otro lado. También depende cuándo estás sintiendo mejor la pelota o estás más cómodo. Para mí, acceder a una semifinal acá es bueno para el resto de la temporada y la gira que viene, me da energía y confianza que era lo que estaba buscando. Estoy un poco triste por la derrota, pero no deja de ser un buen resultado para mí», consideró Delbonis sobre los diez años sin campeones argentinos y su balance de la semana.
En la final del domingo, Bedene se enfrentará con el ganador del duelo entre el austríaco Dominic Thiem, número 6 del mundo y primer favorito, y el francés Gael Monfils. Así, Buenos Aires tendrá por tercer año consecutivo una final a cargo de jugadores extranjeros.
Sebastián Torok 17 de Febrero 2018
El ATP de Buenos aires vivió un valioso jueves con la clasificación de cuatro raquetas argentinas a los cuartos de final, algo que no sucedía desde 2011. Sin embargo, un día después, los tenistas nacionales sufrieron algunos reveses.
El azuleño Federico Delbonis fue quien logró sostener la bandera. Diego Schwartzman, primero, Leonardo Mayer por la noche y, en el último turno Guido Pella (cayó ante el austríaco Dominic Thiem por 7-6 y 6-4) se despidieron de la única estación del ATP Tour en nuestro país. El Peque, 24º del mundo y uno de los que mayores expectativas generaban, perdió por un doble 6-4 frente al esloveno Aljaz Bedene, 51º del ranking y que ya había dado la sorpresa al eliminar al español albert Ramos Viñolas (tercer favorito).
Mayer, asimismo, tuvo altibajos, no se mostró seguro con su servicio [de hecho, cometió ocho doble faltas] y se marchó del ATP porteño al perder frente a Gael Monfils (43º) por 6-4, 3-6 y 6-3. El francés, fiel a su estilo, fue un show aparte y el público se lo reconoció con admiración.
La temporada pasada, a Delbonis, que será recordado por siempre por haber ganado el quinto punto de la final de la copa Davis 2016 frente a Croacia, lo perturbó una lesión en la cadera que no lo dejó competir con normalidad. Una buena pretemporada y un tratamiento que incluyó inyecciones de ácido hialurónico lo ayudaron a mejorar su condición física.
Este año no comenzó bien desde los resultados para Delbonis (perdió en la primera rueda de Brisbane, Sydney y del abierto de Australia), sin embargo, sobre el polvo de ladrillo del Argentina Open se potenció y alcanzó las semifinales por primera vez en su carrera, tras vencer por 6-3 y 7-5 al español Guillermo García López (69º).
«De la cadera vengo bien. No es para descuidarse ni pensar que ya estoy del todo curado, pero con mi equipo de trabajo estamos haciendo una gran recuperación y ejercicios de prevención de la lesión. Esta superficie, el polvo de ladrillo, me permite tener buenas sensaciones y es más benévola para el tipo de lesión que tuve», celebró Delbonis, que hoy, no antes de las 14, se medirá con Bedene. El otro cruce, en el que estará Monflis, será pasadas las 15.30.
El Argentina Open vivió una jornada muy intensa. Además, por segundo día en la semana, las boleterías se quedaron sin entradas, algo muy festejado por los ejecutivos de Tennium, los nuevos propietarios de un torneo que anhela volver a tener un campeón local después de una década. David Nalbandian, que anoche estuvo en el palco del court central y recibió una ovación, fue el último ganador albiceleste. Delbonis se ilusiona con romper la racha negativa
Foto del Twitter de Argentina Open
Diario LA NACIÓN 16 de Febrero de 2018
El historial se inclinaba a favor del argentino 2-1, y su única derrota había sido en el último Abierto de Australia por primera ronda. Pero en la noche del viernes en el Argentina Open las cosas quedaron igualadas.
Guido Pella tuvo todo para quedarse con el primer parcial, el público, sus saques y sus devoluciones incomodaban al rival, y hasta contó con una buena ventaja en el tie-break del primer set, pero finalmente Dominic Thiem se adjudicó el partido. El austriaco se impuso por 7-6 (9-7) y 6-4 en una hora y 48 minutos, y sacó boleto a las semifinales.
Después de recuperarse de un quiebre temprano, Pella pudo haberse llevado el primer set. Estuvo arriba 5-2 en el tie-break, con varias oportunidades para quedarse con el juego, pero no lo cerró. Su coraje lo mantuvo a tiro durante un largo rato, batalló y el público lo alentó, lo apoyó y parecía que sería todo suyo. Pero Thiem tuvo mayor resto, apareció en los momentos decisivos con su categoría del top 10 y se llevó el primer parcial en el desempate por 7-6 (9-7).
Ni el apoyo constante ni la voz de Rod Stewart de fondo, presente durante toda la noche, consiguieron volver a poner en clima al argentino. El Buenos Aires, que otra vez lució el cartel de localidades agotadas, se inclinó hacia el zurdo argentino, pero el tenista ya había perdido la iniciativa.
El segundo set fue de dominio absoluto del austriaco. Thiem desplegó en el court central todo su poderío y se fue convirtiendo en el dueño del encuentro, sin darle respiro al bahiense, que tuvo chispazos para recomponerse, pero sucumbió ante el número 6 del mundo. Con dos quiebres, Thiem tomó el control total y sentenció el partido.
En la próxima instancia lo espera Gael Monfils. Ambos se medirán este sábado en el segundo turno en el estadio Guillermo Vilas; previamente, desde las 14, Federico Delbonis y Aljaz Bedene definirán el primer finalista del Argentina Open.